Cómo definir los valores de tu empresa

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Los CEO son como niños escribiendo sus cartas a los Reyes Magos. Cuando eres niño siempre quieres los juguetes más populares. Quieres la misma pelota que se ha pedido tu amigo Óscar, y la Play Station, igual que Alba. Lo más probable es que no los necesites, incluso, que ni siquiera te gusten muchísimo. Simplemente, no quieres ser el único que no los tenga. Esto es lo que les sucede a CEO y Directiva cuando tienen que definir cuáles son los valores que quieren en su empresa.

La definición de los valores núcleo de una empresa es fundamental para establecer una cultura corporativa. Estos valores representan las más elementales creencias de qué se entiende por correcto dentro de una organización. Por ello, los valores deben actuar como la guía sobre la que basar todas las actuaciones de la empresa, tanto de cara a los trabajadores como frente a los propios clientes.

Sin embargo, a día de hoy, todavía hay muchos empresarios que siguen quebrándose la cabeza a la hora de decidir cuáles serían los valores correctos para su compañía. La práctica habitual consiste en escoger una serie de palabras de moda o frases motivadoras que sabes que quedaran bien sobre la pared. Así, valores como el liderazgo, la ambición o el trabajo en equipo forman parte del decálogo corporativo de prácticamente todas las empresas. No es que haya nada incorrecto con estos valores per se, el problema viene cuando estos valores en realidad no representan la esencia de la empresa. Como dice Patrick M. Lencioni,

“las declaraciones de valores que carecen de significado conducen a tener unos empleados más cínicos, clientes alienados, mermando finalmente la credibilidad en la gestión de la empresa”

Así pues, ¿cómo deben decidirse cuáles son los valores de una empresa?

Recuerda que estos valores deben representar la esencia de tu empresa, por ello una de los enfoques más recomendados es elegir aquellas cualidades que han ayudado a tu empresa a salir de las peores situaciones. No obstante, elijas los valores que elijas, asegúrate de que cumplen con estos tres requisitos:

1. Tus valores nucleares tienen que ser entendibles y memorizables. Todos los trabajadores deben entender los valores de la misma manera, ya que si no, actuar todos siguiendo los mismos patrones se vuelve imposible. Por ejemplo, si uno de los valores que has escogido es la lealtad, cerciórate de que todos entendéis esta cualidad del mismo modo. De igual forma, no hagas una lista interminable de valores ya que tus trabajadores serán incapaces de retenerlos y actuar en consecuencia a ellos.

2. Si quieres que tu cultura corporativa esté presente en el día a día, tus valores tienen que ser factibles, tienen que poder llevarse a la práctica. Por tanto, olvida esas complejas frases que no pueden ser traducidas en comportamientos específicos. “Vamos a comernos el mundo” suena genial, pero ¿cuáles son los comportamientos concretos que están detrás de ella? ¿la ambición, la iniciativa? Estos son realmente los valores que deben componer tu cultura.

3. Los valores tienen que ser compartidos por las personas que trabajan en la empresa. Esto significa que desde el nivel más bajo al más alto, todo el mundo en la empresa debe entender los valores de la empresa como comportamientos deseables. Si para el CEO la ambición tiene una implicación positiva pero para el resto de la compañía no, al final aflorarán problemas de alineamiento entre los distintos miembros de la empresa.

Una vez hayas definido tus valores, es hora de crear una buena atmósfera que los acoja. El mensaje tiene que ser coherente con la realidad de forma que todas las políticas y procesos de la empresa deben ir alineados con esos valores. Los distintos directivos de la compañía deben comunicar estos valores no solo con palabras si no también con acciones. Ya sea el proceso de decisión, los comportamientos diarios o los incentivos a los empleados, todo deben estar inspirado en la cultura de la empresa.

En resumidas cuentas, la cultura corporativa no es precisamente un juego de niños. La elección que hagas debe estar basada en aquello que representa la esencia de la empresa. Debe mostrar cómo deben comportarse los trabajadores no solo entre ellos si no también frente a los clientes. Por ello estos valores deben ser asimilables, aplicables y compartidos. Solo después tendrá algún sentido ponerlos en bonitas frases que decoren la pared.

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